Existe una línea divisoria, una línea invisible que delimita nuestros territorios y a pesar de haber pisado esa línea, al instante siguiente seguimos separados.
Yo sólo tengo una, tú un millón.. no me quejo, lo acepto.
Lo acepto porque nunca te vi como algo alcanzable.
Eres un punto concreto colgado de mi cielo estelado, un punto al que si me acerco, se multiplican las líneas, ese punto a medio brillar detrás de mil corazas.
Ese punto siempre presente pero receloso de guardar sus distancias, como si ya de por sí no fuera suficiente la que nos separa.
Sólo es mi visión, quizás distorsionada pero no por eso menos real.
A veces me pongo a tu lado, entonces somos dos puntos flotantes que por instinto se atraen pero se repelen al mismo tiempo, como si fueramos imanes con polos cambiantes a cada instante.
Creo rozarte, pero sólo son ilusiones, como un oasis en un desierto, llegas a lo que crees ver y sólo hay arena.
Tampoco me quejo por esto, porque sé que mi oasis es real, un oasis en movimiento.
Te observo haciendo malabares con tus líneas, pero no alcanzo a saber si simplemente las cambias de lugar o las reordenas para lentamente deshacerte de ellas.
Tampoco me importa, al menos no en relación a mí.. pero sí para contigo, porque cada una de ellas es un filo cortante.
Eres consciente de las heridas pero las sigues moviendo, construyes con ellas tu propio refugio personal al que nadie puede entrar, es tu cárcel de metal y ya no sé si es que no puedes o no quieres salir, si te has encerrado en ella como protección personal y temes salir afuera por miedo a perder ese aire viciado que no te deja respirar.
No es nadie más que tú mismo el que se impide avanzar.
No conmigo, esto no es nuestro..
Te comparo al animal malherido que aún muerto de hambre, no puede confiar en la mano extendida que lo puede cobijar.
Un paso hacia adelante, dos para atrás.
No me importa tampoco, soy constante en lo que creo.
Tengo mis propios muros y no me dueles gracias a ellos.
La diferencia entre nuestros mundos es que mis paredes son de papel, con carencia de techo y por la ausencia de éste se cuela lo fresco que llevas contigo, mientras freno tu entrada triunfante con mis paredes de papel.
Desde que todo empezó a cambiar, tuve claro que no podía ser, reforcé el papel con cartulina.. pero mi casa tiene puertas y ventanas.. permanezco en su interior, pero no estoy encerrada.
Y aunque sigo a tu lado, mi punto de referencia es cambiante, a veces me precipito y al instante me paro.
Retrocedo y avanzo, vuelvo a retroceder para al día siguiente volver a avanzar, siempre dentro de mis fronteras, para que todo siga igual y no me duelas.
Don Quijote de la Mancha, inmerso en su lucha contra molinos fantasma.
Mientras, sigo fiel como Rocinante o Sancho Panza, a veces contigo en la lucha y otras intentando hacerte entender que sólo son molinos de viento y no gigantes.
