Tal y como resulta sentarse a mirar nevar a través de un cristal, es mirarte a ti...Observar la caída soberana, impredecible e incontrolada.. admirar el baile lento pero seguro, entre tímidos copos acuosos que son parte de una inapreciable llovizna que poco a poco se torna con carácter..
Descubrir de éstos, sus diferentes estados y sombras en un mismo color blanco puro.
Admirar la hermosura en la textura delicada, que se esconde tras su frialdad entregada en un primer momento.
Un frío que se vuelve calor si lo cobijas en tu mano.
Nieve que se derrite al contacto, quemando tu piel.. nunca helando o nieve que se cuaja, espesura que te atrapa..
Y si abro la ventana y extiendo la mano, puedo sentir suaves caricias que tililan, las que pasan rozando o las que se diluyen en la palma de mi mano..
Eres como esos copos de nieve, a veces ténues, otras veces con fuerza, caes y calas en cualquiera de tus formas.
Eres libre como la naturaleza sabia.. eliges donde posarte y el tiempo de tu permanencia..
Nieve que se funde, agua convergente en un río, con su desembocadura en el ancho mar..
Eres la primera esencia de las grandes cosas...

